“Los psico-dioses de la nube”

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Desde hace unos años, nos venden la comodidad y la seguridad de “la nube” para guardar nuestros datos. Tenemos que creer en “la nube” igual que nuestros antepasados creían en Dios: una entidad superior, omnisciente, en la que confiamos indudablemente aunque no sepamos muy bien de qué se trata ni qué es lo que hace.

Tal y como nos advierten desde diferentes organizaciones defensoras de la privacidad, en realidad la nube no existe, son ordenadores de otras personas. Más concretamente, son granjas de servidores de diferentes empresas, que buscan lucrarse con nuestros datos, además de facilitar a las autoridades de turno un creciente control sobre nuestras vidas. Hablemos ahora de los principales psico-dioses de la nube:

Dropbox fue señalada, entre otras compañías desarrolladoras de productos de tecnología informática, como una de las involucradas dentro del programa de vigilancia electrónica de alto secreto PRISM, a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, según los informes y documentos filtrados por el informante y ex-empleado de la CIA, Edward Snowden.

Más aún, Condoleezza Rice, quien fue entre 2005 y 2009 Secretaria de Estado del gobierno de Estados Unidos durante la presidencia de George W. Bush, entró en el consejo de administración de Dropbox en abril de 2014. Rice ha declarado en varias ocasiones que está a favor de los pinchazos sin orden judicial de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Si hablamos de Google Drive, la privacidad de documentos sensibles puede ser comprometida por el hecho de que mucha gente está autenticada en sus cuentas de Google de forma casi permanente. A pesar de que este login unificado resulta cómodo, representa un potencial riesgo para la seguridad mientras el acceso a Google Docs no requiera comprobación de contraseña. Si a esto añadimos que Google tiene acceso ilimitado a todos los documentos que subamos a Google Drive, nos da una razón evidente para no usar este servicio.

Los datos en iCloud se guardan sin cifrar, por lo que Apple, el gobierno de los Estados Unidos y, presumiblemente, cualquier gobierno que pida esos datos, pueden tener acceso a toda nuestra información personal.

Los datos almacenados en OneDrive están sujetos a supervisión por parte de Microsoft, y cualquier contenido que se encuentre en Violación del Código de Conducta puede ser eliminado y provocar el cierre temporal o permanente de la cuenta. Además, está integrado en la red de espionaje PRISM de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense, con lo que las agencias gubernamentales tienen acceso a todos los contenidos almacenados.

Visto lo visto, podríamos empezar a llamar a Dropbox, Google Drive, iCloud y OneDrive “servicios de almacenamiento de datos remoto”, pero ya vemos que el nombre no es lo suficientemente etéreo.

Aparte de su denominación, sería mejor que empezáramos a usar servicios en los que tengamos el control de nuestros datos; Owncloud es un claro ejemplo, puesto que desde el primer momento podemos instalarlo en nuestro propio ordenador y, también muy importante, se trata de software libre. Esto significa que si apareciera alguna funcionalidad oculta en Owncloud que dejara nuestros datos al descubierto, muchas personas de todo el mundo con el nivel técnico suficiente podrían señalarla y sería corregida. Estas “puertas traseras” suelen venir de serie en el software privativo.

En este aspecto, la conclusión es evidente:

¡¡Sin privacidad, no hay libertad!!

 

(Imagen de Colegota extraída de fotolibre.net)
Fuente: autodefensainformatica